Exponernos a elevadas cantidades de cloro a diario no está exento de sospechas por lo que a posibles efectos nocivos se refiere. En primer lugar, se relaciona la ingestión de determinadas dosis de cloro con una mayor incidencia de cáncer de colon y vejiga. Por otro lado, el cloro en contacto con la materia orgánica presente en el agua, ya sea de manera natural o procedente de vertidos industriales, reacciona y da lugar a los trihalometanos (THM), compuestos considerados cancerígenos, el más conocido de los cuales es el cloroformo. Aunque ya existen métodos de esterilización del agua no químicos, la cloración sigue siendo la más utilizada por su menor coste y porque persiste durante el transporte del agua hasta las viviendas.
Por otro lado, hay contaminantes que se añaden al caudal del agua después de la salida de la planta, lugar donde se realizan los controles analíticos, y antes del punto del consumo. Es el caso de los materiales que se desprenden de las conducciones de agua, como el plomo de instalaciones antiguas u otros metales pesados. En definitiva, estas sustancias llegan a nuestras casas a causa del sistema de depuración y suministro existente, pero una vez allí pueden ser eliminadas para beber un agua más saludable.
Cabe destacar finalmente otras vías de exposición a los posibles contaminantes del agua, como son el contacto directo con la piel y la inhalación de compuestos que se volatilizan desde el agua. Esta exposición se produce básicamente durante la higiene personal, sobretodo al utilizar el agua de la ducha a elevada temperatura. Evitar estos posibles riesgos es posible mediante los sistemas de filtraje domésticos de carbón activo.
Agua con buen sabor
La mayoría de nosotros somos afortunados y disponemos de agua limpia y potable al abrir el grifo de casa. Pero también es cierto que la degradación ambiental y las dificultades tecnológicas para garantizar agua de calidad a menudo afecta notablemente a su sabor. Una de las causas es el cloro que se ha añadido al agua en la planta potabilizadora por motivos de seguridad sanitaria. La cloración del agua y la presencia de cloro durante su distribución es necesaria para que llegue a nuestras casas libre de contaminación bacteriana, pero también dota al agua de un gusto desagradable. En otros casos es la gran cantidad de calcio y otras sales las que dan un sabor fuerte al agua. Algunos bromatólogos argumentan que la ingestión de cloro a diario, junto con los subproductos de la cloración que lleva asociados no es adecuado para muchas personas.
La purificación doméstica del agua es una buena opción para todas aquellas personas que desean incrementar la calidad del agua de distribución colectiva. Además, permite reducir la carga de agua embotellada y evitar los residuos de envases. Cada método de purificación es adecuado en un contexto. En este sentido, los filtros de carbón activo són la opción más asequible para eliminar los problemas de mal sabor relacionados con el cloro cuando el agua no es especialmente dura y tiene un bajo contenido en sales minerales disueltas.
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